El mito del cierre: por qué razón los especialistas aseguran que no existe

por calpee

Tras una pérdida trágica o una separación traumática, todos deseamos opinar que hay una forma de apagar el interruptor del mal y regresar a una vida habitual. Entonces, en el momento en que amigos y familiares bien premeditados le dicen: “Solo precisa hallar una solución”, creemos que esa es la contestación. Cuando lleguemos a este mítico estado de cierre, esperemos el mal desaparezca y los pésimos recuerdos se borren.

El inconveniente, dicen los psicólogos, es que el aislamiento, por lo menos como lo comprendemos en la civilización habitual, no existe verdaderamente. En verdad, comentan que nos cerramos a formas mucho más saludables de enfrentar las vivencias bien difíciles intentando encontrar un cierre persistente del mal sensible.

El término de cierre procede de la psicología de la Gestalt. La Gestalt empezó como una manera de entender de qué manera la cabeza siente y trata las imágenes, y entre los principios de la percepción Gestalt es que la cabeza busca la finalización. Aun si la imagen de un círculo está incompleta, la cabeza aún la siente como un círculo.

Transcurrido un tiempo, este principio pasó a encargarse de las vivencias de la vida. Si sufrió un trauma no resuelto anteriormente, enseña la Gestalt, entonces no puede proseguir completamente hasta el momento en que el inconveniente esté “cerrado” de alguna forma. Esto llevó a técnicas terapéuticas como la “silla vacía”, donde los competidores se hallaron como la fuente de sus “temas atentos” – un padre abusivo o un apasionado fallecido – sentados en la silla y comentando con ellos. Más allá de que la terapia de silla vacía con frecuencia daba un alivio sensible en un corto plazo, no calmó a los sujetos del mal en un largo plazo.

Pese a la cuestionable eficiencia de la terapia Gestalt, la creencia de que cerrar es una panacea para el mal sensible se ha arraigado intensamente en la psicología pop estadounidense. Pertence a los preferidos de los medios informativos, donde los familiares de las víctimas de homicidos o los damnificados por atentados terroristas siempre y en todo momento procuran una “valla”. Y ese es un cliché de un programa de entrevistas a lo largo del día, en el momento en que un apasionado rechazado sube al ámbito para confrontar a su feo ex- a fin de que al final logre conseguir un cierre.

La realidad, afirma la psicoterapeuta Ashley Davis Bush, es que el género de cierre que vende la psicología habitual no es verdaderamente alcanzable. Tampoco debería serlo.

Deseamos un final feliz

“Los estadounidenses adoran los finales contentos”, afirma Davis Bush, creador de Hope and Healing for Transcending Loss. “Somos una sociedad de buenos sentimientos. Nos agradan las cosas afiladas. Deseamos opinar que el mal tiene un final. De todos modos, el mal no se detiene, pero cambia transcurrido el tiempo”.

En el momento en que Bush ve a los clientes del servicio llorando por la pérdida de un cónyuge o un familiar próximo, no habla de un cierre, lo que para ellos significa intentar cerrar la puerta a conmuevas francas, en ocasiones dolorosas. En cambio, emplea términos como “curación” y “desarrollo” y asiste para los cónyuges sobrevivientes a estudiar a “vivir con la pérdida” sobre de qué manera llevarse recuerdos positivos.

“Asimismo lo llamo ‘vivir con amor’”, afirma Bush, “verdaderamente dejar que los recuerdos de esta persona te robustezcan. Date cuenta de que eres otra persona pues la amas, que todavía está contigo en varias cosas fundamentales, y no temas honrar esa relación “.

Honrar una relación con un cónyuge fallecido no quiere decir que la viuda o el viudo estén atrapados anteriormente o no logren conformar novedosas relaciones. En verdad, de manera frecuente sucede lo opuesto. Al no intentar embotar o reprimir sus sentimientos verdaderos, se sostienen vivos emotivamente. Bush tiene clientes del servicio que se vuelven a conquistar tras un periodo de profundo mal e inclusive se vuelven a desposar sin abandonar una profunda lealtad a su primer marido o mujer.

Pésimos reposos

Pero, ¿qué sucede con los divorcios y las malas roturas? ¿Siempre y en todo momento es una mala iniciativa graduarse en el momento en que andas peleando por pasar de un final lamentable a una relación en un largo plazo?

“Es una situación diferente”, afirma Bush. “Pienso que un cierre es mucho más importante en el momento en que andas en el final de una relación. Verdaderamente hay elementos de cierre, así sea firmando los papeles del divorcio o saliendo de casa. Hay un género de cierre mucho más concreto que pensamos que se puede poder”.

Al tiempo, no obstante, todavía nos encontramos moldeados por nuestras relaciones pasadas y nos vamos a llevar estas vivencias con nosotros. Bush afirma que todavía debemos estudiar a “honrar” la relación y sacar sabiduría de ella, aun si no acabó como imaginamos. El interrogante, afirma, es si el bagaje sensible que quitamos de la relación va a ser pesado o ligero.

Las indagaciones demostraron que una manera de calmar nuestro equipaje sensible es redactar sobre las roturas. Particularmente, los estudiosos interrogaron a 100 personas que habían experimentado últimamente una pausa de 30 minutos en su períodico a lo largo de tres días sucesivos. A varios de los competidores se les solicitó que escribieran solo sobre los puntos positivos de la separación y de qué manera nacieron con ella. Tras el ejercicio de escritura, este conjunto notificó que no hubo un incremento en las malas intenciones y un incremento en los desenlaces positivos, incluyendo la tranquilidad, la seguridad en uno mismo, el empoderamiento, el optimismo, la gratitud y la sabiduría.

Anunciado inicialmente: 25/9/2018

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